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By Sofía Segovia

En Linares, al norte del país, con los angeles Revolución mexicana como telón de fondo…
Un buen día, l. a. vieja nana de l. a. familia Morales abandona sorpresivamente un reposo que parecía eterno para perderse en el monte. Cuando l. a. encuentran, sostiene dos pequeños bultos, uno en cada brazo: de un lado un bebé deforme y del otro un panal de abejas. Ante los angeles insistencia de los angeles nana por conservar y cuidar al pequeño, los angeles familia come to a decision adoptarlo.
Cubierto por el manto vivo de abejas que lo acompañarán y guiarán para siempre, Simonopio llega a cambiar l. a. historia de l. a. familia que lo acoge y los angeles de toda una región. Para lograrlo, deberá enfrentar sus miedos, al enemigo que los acecha y las grandes amenazas de l. a. guerra: l. a. influenza española y los enfrentamientos entre los que sesean los angeles tierra ajena y los que protegerán su propiedad a toda costa.
El murmullo de las abejas huele a lavanda, a ropa hervida con jabón blanco, a naranjas y miel: una historia impredecible de amor y de entrega por una familia, por los angeles vida, por l. a. tierra y por un hermano al que ha esperado siempre, pero también l. a. de una traición que puede acabarlo todo.

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Me siento acompañado, y me gusta. three l. a. mecedora vacía Beatriz Cortés de Morales recordaría esa mañana de octubre de 1910 toda su vida. Habían tocado a su puerta con insistencia, y pensando que venían a avisar que uno de los campos de caña se incendiaba, dejó el calor de su cama para ir a abrir. period Pola llorando: no encontraban a nana Reja por ningún lado. �No estaría en su cama? No. �No se hallaba en su mecedora? Tampoco. �Dónde más podría estar los angeles viejita? Muerta, de seguro tirada por ahí, entre algunos matorrales. Beatriz conocía a nana Reja de toda su vida, ya que, al ser vecinos por generaciones, los Morales y los Cortés iban y venían de visita entre sus propiedades. Aunque lo conocía de siempre, se había enamorado del que sería su esposo a los dieciséis años, cuando Francisco Morales regresó de estudiar ingeniería civil en l. a. Universidad de Nôtre Dame y l. a. sacó a bailar una pieza romántica durante los festejos del Sábado de Gloria. Desde l. a. muerte de su suegro, y al heredar Francisco sus propiedades, Beatriz había compartido los angeles responsabilidad de todo, incluida l. a. ahora extraviada anciana. Los Morales movilizaron a los empleados de l. a. hacienda: unos a preguntar por el pueblo, otros a buscar entre los arbustos. —¿Y si se l. a. llevó un oso? —Habríamos encontrado huellas. —¿A dónde pudo haber ido, si tiene más de treinta años de no moverse de su lugar? Para esa pregunta no había respuesta. Viva o muerta, necesitaban encontrarla. Mientras Francisco coordinaba los angeles búsqueda a caballo, Beatriz fue a sentarse a l. a. silla vacante de los angeles nana, que crujió al sentir su peso. Le pareció que ése sería el lugar indicado para esperar noticias, aunque pronto le pidió a Lupita, los angeles lavandera, traer otra silla. Por más que trataba, no lograba domar a los angeles mecedora ajena al contorno de su cuerpo. Pasó horas interminables sentada en su propia silla, a un lado de l. a. de nana Reja, que se mecía sola, tal vez ayudada por el aire que soplaba desde los angeles montaña o quizá por pura costumbre. Mati, los angeles cocinera, le llevó de desayunar, pero Beatriz no tenía apetito. No podía hacer más que mirar a lo lejos. Tratar de distinguir algún movimiento en l. a. lejanía. Alguna interrupción en los angeles monotonía de los plantíos o en l. a. improvisada e intacta belleza de los cerros. Bonita l. a. vista de las montañas y de los campos de caña de azúcar que se disfrutaba desde ahí. Nunca los angeles había apreciado desde esa perspectiva y ahora entendía el encanto inicial que el lugar infundía en nana Reja. Pero �por qué mirar eternamente hacia esos cerros interminables, inmutables? �Por qué mirar siempre hacia ese camino de tierra que se curvaba en ellos? �Y por qué mirar de modo constante hacia allá si lo hacía con ojos cerrados? �Qué esperaba? Mientras aguardaba noticias, Beatriz, mujer de mente práctica, llegó a los angeles conclusión de que difícilmente encontrarían a los angeles nana con vida. Por lo tanto, su pragmatismo también le había permitido hacer planes concretos para el velorio de los angeles querida nana Reja: l. a. envolverían en una sábana de lino blanco y l. a. enterrarían en un ataúd de madera fina que ya había mandado traer.

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